
Curiosa guía publicada en febrero de 1992, que se sale de los
cánones habituales en este tipo de publicaciones, sobre todo en sus
ilustraciones, constituidas por un inserto con ocho hojas de diferente papel
conteniendo veintiuna fotografías a color de los coautores Agustín García
Martínez y Eugenio García Aguilera, y diez cedidas por Roberto Travesí.
El resto del cuerpo ilustrativo, distribuido en las restantes páginas del
libro, está integrado por dibujos de plantas y animales propios de la flora y
fauna alpujarreña, y diversos croquis, a nuestro parecer muy bien trazados,
representando la situación de La Alpujarra, sus montañas, arroyos y quebradas,
clima, vegetación, y las rutas propuestas.
Tras una brevísima introducción, se describe la comarca, tratando de los diversos atributos que la caracterizan, incluyendo el oscuro origen del topónimo, las vías de comunicación, geología, climatología, bioclima, vegetación, zoología, historia, arquitectura, artesanía, folclore, gastronomía y fiestas. Los capítulos aunque escuetos son enjundiosos, contiendo acertadas observaciones. Sin embargo ocasionalmente los autores incurren en tópicos crónicos, como el de considerar que La Alpujarra fue un edén en los tiempos de hegemonía islámica.
Continúa la guía proponiendo dieciocho recorridos por los senderos de la comarca, cada uno de ellos ilustrado con su correspondiente croquis. El número 12, reproducido completo más abajo, describe un descenso desde el Portichuelo hasta Cástaras, con abundantes comentarios sobre la fronda que se ofrece al paso del caminante. Concluye el recorrido con una mínima referencia al pueblo para destacar la calma que reina en él, su apartada ubicación y la iglesia. No queda claro si los autores se refieren al templo parroquial o a la propia aldea cuando aluden sus colores desvaídos y bellos rincones.
Finaliza la excursión mencionando la rara planta lavatera oblongifolia, o malva de La Alpujarra, joya botánica que crece en suelos pedregosos y calizos del ecosistema castareño.
Para terminar esta insólita guía de La Alpujarra, sus creadores han incluido en ella una relación de alojamientos, un breve glosario con algunas palabras de uso exclusivo en la comarca, un inventario con nombres científicos de muchas plantas citadas en en el texto, una relación de los mapas utilizados o propuestos, y una pequeña lista de obras sobre La Alpujarra y Sierra Nevada en el epígrafe bibliográfico.
Recorrido N° 12
PORTICHUELO DE CÁSTARAS - CÁSTARAS.
CLAVE:
* Mapas: Mapa I.G.N. 1:25.000 Los Bérchules.
Mapa militar 1:50.000 Lanjarón.
Mapa montañero 1:50.000 de S. N.
* Epoca recomendada: Primavera.
* Duración: Unas 3 horas.
* Agua: Una buena fuente a mitad de camino.
* Dónde dormir: En el pueblo.

Para realizar esta excursión partimos del Portichuelo de Cástaras, situado en el empalme de la carretera que va a las minas de hierro del Conjuro. En este empalme hay un cortijo abandonado con un cerezo. Desde aquí tendremos que bajar unos metros hasta llegar a un castaño solitario, y tomar allí mismo un carril abandonado que transcurre entre unos enormes y densos matorrales de cantueso y bolinas, hasta llegar a unos chopos donde el carril termina.
Seguimos llaneando en dirección hacia los primeros cortijos. Pasamos por ellos y llegamos hasta otro segundo grupo de cortijos donde hay unos magníficos huertos de fresas. Allí tomamos de nuevo otro carril que nos va llevando por entre otras casas con huertos de fresas, frambuesas, etc... hasta llegar a un arroyo con una hilera de altos chopos, que atravesaremos hasta llegar al próximo cortijo, donde tendremos que dejar el carril y tomar un camino que nos lleva al próximo barranco, seco al principio, por el que descenderemos mediante un buen camino que nos llevará hasta una especie de oasis verde donde encontramos un nogal y al pie una alberca. Un poco más abajo descubrimos una magnífica fuente de alto caño y de aguas frescas a la sombra de una maraña de zarzas, madreselvas, sauces y enormes chopos que se elevan, altos y esbeltos, llenos de gracia y señorío, desde este lugar húmedo y frondoso.
Continuamos
por el camino que parte a la izquierda del caño de la fuente, salimos de este Eden y bajamos por el lado izquierdo del barranco, hasta llegar al lado de un
cortijo semiderruido, poco más abajo del cual nos acompaña una acequia hasta
el siguiente cortijo. Seguimos nuestro paseo y ahora vamos por entre un bosque
de encinas con sotobosque de aulagas, tomillos, romeros, torvizcos, lavandas.
Descendemos, y a nuestra derecha corren las aguas entre el frondoso bosque de
chopos, sauces y fresnos. Así llegamos hasta un punto en el que el camino pasa
próximo al agua del barranco; allí tendremos que torcer a la izquierda, para
pasar entre el bosque de encinas y algunos cultivos de almendros, hasta otro
barranco por el que baja un camino zigzagueante entre unos olivos que ya nos
irán acompañando hasta el otro valle verde, donde otra enorme hilera de chopos
se yerguen a Io largo y van indicando el cauce del río que va por el Barranco
de Fuente Medina. Continuamos caminando y llegamos al barrio alto de Cástaras,
el cual se encuentra al abrigo de unos farayones [sic] calizos que se sitúan en la
dirección N. y N.W. y en los que cuelgan algunos ejemplares de encinas. Debajo
de estas rocas,
los olivos se extienden hasta el pueblo y lo abrazan a ambos
lados, al igual que los dos barrancos que bajan a juntarse por debajo del
pueblo para unir sus aguas y llegar juntos hasta el Guadalfeo. A lo largo de
los dos barrancos, corren frondosas hileras de altos chopos. Fuera de estos
barrancos por los que fluye el líquido elemento, el aspecto del paisaje es más
bien árido. Desde el pueblo y en dirección sur, se observa La Contraviesa con
sus almendros y sus viñas.
Es este un pueblo con una magnífica iglesia de colores desvaidos y bellos rincones; un pueblo un tanto apartado y donde reina una calma absoluta. Muy cerca de Cástaras se encuentran manantiales de aguas sulfurosas y un refugio de montaña. En los alrededores de esta localidad podemos encontrar una curiosa planta, Lavatera oblongifolia, que a primera vista parece sacada de un parque, por parecerse a una gran altea o malva de jardín. Esta planta de vistosas flores de color rosado es endémica de esta parte de La Alpujarra.
Agustín García Martínez, Eugenio García Aguilera, Margarita García Domínguez: Andar por La Alpujarra, Madrid, Acción Divulgativa, 1992; pp. 124 - 126.

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Aunque Juan Manuel Jerez no insertó ninguna fotografía de Cástaras en su guía, incluimos aquí esta del Poco trigo visto desde la calle de san Miguel, que nos cedió amablemente en los comienzos de este espacio web. |
Editada en 1992 por Editorial Andalucía, y subtitulada Guía para el
viajero, Juan Manuel Jerez Hernández, alpujarreño de Ugíjar, nos ofrece,
a lo largo de las trescientas páginas del libro, abundantes datos y
fotografías de los pueblos y parajes alpujarreños, entre las que no hemos
visto ninguna de Cástaras, que va citada en varias páginas de la guía, para
referirse a ella como perteneciente a la antigua Taha de Jubiles; para incluirla entre los municipios que componen La Alpujarra granadina; en
referencia a su pasado minero; a la pertenencia parcial de su territorio al
Parque Natural de Sierra Nevada; a la carretera que, desde el Portichuelo,
lleva hasta «Cástaras, suspendido también en las últimas lomas de Sierra
Nevada que van a morir a la orilla del río Guadalfeo»; a su propia
reseña en la obra, reproducida en el párrafo siguiente; al refugio de la
Federación Andaluza de Montañismo en que convirtieron a La Caseta durante
algunos años; y por último, dentro de la noticia de Almegíjar, en alusión a
la carretera que une ambos pueblos.
Incluida Cástaras en la que Juan Manuel titula Ruta del medio Guadalfeo, junto a Torvizcón, Almegíjar y Lobras, esto es lo que se dice del pueblo:
«Cástaras, con una extensión de 26,64 kms2 y poco más de 300 habitantes repartidos entre el núcleo principal y su anejo Nieles, está situado por debajo de la carretera de Alta Alpujarra mirando al valle del río Guadalfeo, por el cual se encuentra más fácil acceso a través de Torvizcón y Almegíjar, si bien el viaje a través de las abandonadas minas del Conjuro ofrece una impresionante vista de toda la Taha de Pitres al borde de grandes precipicios, así como una visión general de la cara norte de La Contraviesa. Dista de Granada 93 kilómetros y 121 de Almería, estando situado a una altura de unos 1.000 metros.
Cástaras celebra sus fiestas en el mes de mayo en honor a la Virgen de Fátima, mientras que Nieles lo hace en febrero en honor a San Blas».

También en 1992, la editorial Everest publicó en León una guía de 168
páginas con texto y fotografías de nuestro paisano Gabriel García Guardia,
que hace un ameno recorrido por La Alpujarra alta, dividido en ocho rutas
con mapas, datos, impresiones, opiniones y más de cien fotografías útiles
para el viajero que quiera descubrir un territorio tan cambiado en los
últimos años.
Recorriendo la segunda ruta, titulada Hasta los pies de Mulhacén, Gabriel se ve forzado a desviarse unos kilómetros del itinerario para hacer una incursión en Almegíjar y en Cástaras, de la que inserta una magnífica versión de la ya clásica fotografía desde El Visillo, y el texto siguiente:
«Cástaras se descubre tras una asomadilla situada entre vides y almendros. El pueblo tiene un barrio alto, muy escondido entre arboleda, mientras que los barrios que rodean la airosa iglesia de ladrillo se abren claros al mediodía. Es pueblo tranquilo, fresco y agradable. El agua de sus fuentes es apreciada y casi un jardín natural es su fuente baja, en la que quedan restos de un puente romano y junto a la cual yacen, muy abandonados, unos baños termales. En Cástaras, se celebra a su patrón San Miguel, que en otro tiempo obligaba, cada final de septiembre, a disponer su plaza como un corral de comedias. Hoy, se celebra la fiesta el domingo del verano que mejor conviene a los emigrantes, que retornan de vacaciones por esas fechas.
Desde Cástaras, parte un camino que pasa
junto a la ermita de la Virgen de Fátima y luego se bifurca; un ramal
conduce al anejo de Nieles, al pie de otras minas también famosas; otro va
al Cortijo de don Juan y baja al molino del río por su rambla. En la Casería
de este pueblo, la Universidad de Granada instaló hace poco un albergue de
montaña».
Después de completar la incursión en Almegíjar, vuelve sobre sus pasos para escribir al retornar por el Portichuelo:
«Desde esta altura, el paisaje se torna suave, con un horizonte dibujado de colinas redondeadas. Discurrimos por calizas claras en las que se establecen de vez en cuando prados y majadas. Las acequias dan vigor a estos enclaves agrícolas y algunos cortijos constatan su actual vitalidad. En las solanas, destacan las encinas con su color verde oscuro y seco, mientras que los barrancos son oasis de frescor, cedido por el follaje lustroso y espejeante de los álamos.
A medio camino de Juviles, se encuentra un peñasco calizo cubierto por una yedra a cuyo pie nace una fuente. Es la Fuente de Solís, famosa en estos pueblos por su agua fresca, rica y casi entre lo medicinal y lo milagroso. La húmeda herida en la montaña está acompañada de prados y arboledas en las que resulta apetecible un descanso o una excursión campestre».
Redactada por Eduardo Castro Maldonado, el destacado escritor y periodista motrileño nacido en Torrenueva en 1948, con la colaboración de Antonio Díaz López y fotografías de José Garrido, se publicó en 1992 por la Caja General de Ahorros de Granada, y en 1995 por Sierra Nevada 95 en Monachil.
Este es el extenso párrafo dedicado a Cástaras (reparar en que alguna información ofrecida está obsoleta):
«Algo más adelante del anterior desvío, a la altura de la Venta del Relleno, nos encontramos con una nueva bifurcación, cuyo ramal de la izquierda atraviesa las antiguas minas del Conjuro y empalma con la carretera de la Alpujarra alta entre Juviles y Trevélez, mientras que el ramal de la derecha conduce, bordeando la Loma del Castaño, hasta la hermosa Cástaras, sin duda una de las localidades más sorprendentes y bonitas de toda la comarca, al tiempo que una de las más castigadas en la década de los 70 por la falta de puestos de trabajo y la emigración. Hasta tal punto llegó a ser preocupante en un momento dado su situación de abandono que no dudamos en hacer un llamamiento en la prensa local67 para evitar su paulatino deterioro, calificándolo entonces como un «delicioso paraíso abandonado», con las dos terceras partes de sus casas cerradas y la mayoría de su población incrementando el censo, contra su voluntad, en extraños municipios de los alrededores de Barcelona o Palma de Mallorca. Tan sólo en una época del año, al final del verano, el pueblo recobraba su alegría perdida, su añorado ritmo de la vida cotidiana, con motivo de las fiestas patronales de San Miguel, que, como se decía en aquel artículo, eran en realidad una excusa para el regreso de las familias emigradas:
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Fotografía incluida en 1975 en el artículo de IDEAL citado por E. Castro. Observar que está volteada horizontalmente, quizá como exponente del deterioro de Cástaras en aquellos años. (Pasando y manteniendo el cursor sobre la imagen se volteará para verla en su posición correcta) |
“Más que otra cosa, las fiestas de San Miguel suponen para Cástaras la celebración anual del rito de los saludos entre viejos amigos separados, una larga serie de conversaciones e historias contadas al compás de las explosiones de los cohetes y los acordes musicales de la verbena de la plaza principal. Durante dos días, las pocas tabernas que siguen funcionando en el pueblo, permanecen abiertas y rinden a un ritmo normal. Durante dos días, las calles de Cástaras se animan y adquieren también un aspecto normal. Durante dos días, en fin, el pueblo late con verdadera intensidad. Y todo se rubrica, naturalmente, con la celebración religiosa en honor del patrono, que es el principal y profundo motivo de la fiesta.
Después, con la llegada de octubre y el regreso de cada cual a su lugar de trabajo y residencia, Cástaras vuelve uno y otro año a quedarse silencioso y triste. Para los que se quedan es, entonces, el momento de los suspiros y las añoranzas”.
Por fortuna, las cosas parecen haber cambiado hoy lo suficiente como para no temer ya más por el futuro de la localidad, gracias sobre todo a una serie de mejoras en su infraestructura urbanística y en sus comunicaciones, que han acabado con su ancestral aislamiento, convirtiéndola de hecho en un sitio ciertamente ideal para unas vacaciones tranquilas y agradables. El problema, sin embargo, para quienes tengan tal propósito, es la falta de «posadas, fondas, ventas o pensiones» en el pueblo, lo que llevó hace unos años a los organizadores de las fiestas de San Miguel a advertir simpáticamente a los posibles visitantes que «una manta en el zurrón siempre será de gran utilidad para pasar la noche bajo las estrellas». No obstante, el refugio del ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza), situado a la entrada del pueblo, está habilitado para albergue, y existen algunas casas particulares que alquilan habitaciones. Cuando probablemente no tendremos problemas es a la hora del condumio, pues son dos los bares que sirven comidas y vino de la tierra: «Cecilio», a espaldas de la iglesia, en el camino de Nieles, y «La Columna», junto a la plaza de la Fuente de los Caños.
En los últimos años, las fiestas de San
Miguel se han trasladado a mediados del mes de agosto, alrededor del día 15,
con objeto de aprovechar la presencia en el pueblo por vacaciones de los
numerosos castareños que viven fuera. Como curiosidad del programa festivo
habría que destacar que la imagen patronal se saca a la calle en procesión
dos días seguidos, acompañada en ambas ocasiones por la de San Antonio, pero
alterando el segundo día el orden de ellas en el desfile. Otros
acontecimientos interesantes del calendario festivo de la localidad son los
chiscos
de San Antón en enero, la romería del 13 de mayo, en honor de la
Virgen de Fátima, y el día de Todos los Santos, que se celebra encendiendo
una gran hoguera («chisco») para hacer en ella una mauraca o
«tostonada» de castañas.
A los vecinos de Cástaras les gusta recordar a sus visitantes la bonita frase de «Vergel dormido entre piedra y agua» que figura en los archivos del Ayuntamiento como referencia a la localidad, una definición sin duda acertada y que remite a la dificultad de su territorio, la abundancia de sus aguas y la frondosidad de su vegetación. Una excursión interesante para confirmar cuanto decimos, aunque haya que realizarla a pie, es la que lleva desde el pueblo hasta los cercanos y antiquísimos baños del Piojo, cuya visita siempre merece la pena, a pesar de que en la actualidad se encuentran abandonados. Por su parte, quienes no visitaran el anejo de Nieles a su paso por Juviles, durante la ruta anterior, ahora tienen una nueva oportunidad de hacerlo desde Cástaras, pues recientemente han asfaltado el antiguo camino que unía ambos pueblos, por lo que ya se puede ir del uno al otro en automóvil, aunque hay un estrechamiento a la entrada misma del pueblo por el que no caben vehículos grandes, como furgonetas anchas o camionetas».
Este es el artículo al que se hace referencia en el texto precedente (si pulsa puede consultar una copia incluida en la página de la Asociación Cultural de Cástaras y Nieles):
67. E. CASTRO: Cástaras, un pueblo alpujarreño que no quiere morir («Ideal», Granada, 26 de octubre de 1975).

Miguel J. Carrascos Salas, el prestigioso profesor apasionado por La
Alpujarra, y por ello alpujarreño de adopción, que tanto trabajo ha dedicado
a su estudio, materializado en los dos volúmenes de la completa publicación
de 1992 La Alpujarra, dio a la imprenta de Proyecto Sur de
Ediciones la guía aquí comentada, cuya primera edición es de 1993 y la
segunda de 1996, en la que se incluyen incontables fotografías de Ramón
Sánchez Arana y de Miguel Hidalgo Carrasco, aunque ninguna de Cástaras.
La guía está estructurada en una descripción general, nueve rutas turísticas, un capítulo dedicado a las fiestas alpujarreñas en el que se habla sobre el Festival de Música Tradicional, de las fiestas populares, y naturalmente del trovo, seguido por un tratado sobre las señas de identidad de nuestra tierra, para continuar con los centros de interés turístico, industrial y cultural, y finalizar con una guía de alojamientos, bares y restaurantes, fiestas, gastronomía y artesanía.
Tal vez por ser necesario desviarse de todo trayecto turístico para llegar al pueblo, Cástaras no se ha incluido en ninguna de las rutas recorridas en la obra. Sólo, al pasar por otros caminos cercanos se hace referencia a la población.
En la página 115 dentro de la ruta 4, Trevélez Laroles, escribe el autor:
«A 12 kms. después de haber abandonado el valle de Trevélez y dejados a la derecha la antiquísima aldea de Cástaras (lugar de 343 habitantes y 1022 ms. de altitud) y su pequeño anejo de Nieles, (100 h. y 1072 ms. sobre el mar), el viajero desciende, casi por inercia, hasta Juviles, uno de los municipios andaluces de menor extensión superficial y menor número de habitantes (233 en el Padrón Municipal de 1991)».
Y dentro de la ruta 5, Laroles-Ugíjar-Cádiar-Torvizcón-Órgiva, cabalgando la Contraviesa, Carrascosa se embelesa al contemplar el paisaje ofrecido al viajero, que le inspira el siguiente párrafo en el que también cita a Cástaras:
«Situados en la zona alta de Torvizcón, dominando su renovado caserío, el viajero puede admirar el espectáculo que ofrece la ladera meridional de Sierra Nevada descendiendo hasta el Guadalfeo, en una sucesión interminable de cerros fuertemente erosionados y medianas colinas, cortados a veces por hendiduras, barrancos y derrumbaderos que mueren junto a los pequeños valles. Asomados a los balcones rocosos de la ladera o escondidos entre el verde y gris de las umbrías, a la derecha del río, cuelga un nido de pueblos de origen multisecular: Almejíjar, Cástaras, Notáez..., como testimonios vivos del paso de los romanos, mozárabes y beréberes del Alto Atlas por La Alpujarra».
Finalizan las citas a Cástaras con señas de lugares para dormir, beber y comer, y con las fechas de celebraciones, datos que por estar obsoletos no reproducimos.

El
Colectivo Peñabón, formado por más de treinta maestros, lanzó en 1993 a
través de la editorial Clave aynadamar, esta guía de La Alpujarra, dedicada
a “Carlos Alonso, compañero para siempre”.
En sus doscientas ocho páginas se hace, tras la introducción y
notas aclaratorias, un repaso a los accesos, historia, geografía, cultura,
economía, fauna y vegetación alpujarreñas, continuando con nueve rutas y
finalizando con una guía de servicios, que por el tiempo transcurrido desde
la edición está algo obsoleta. La obra contiene abundares fotografías,
dibujos, pinturas, croquis, mapas y otras ilustraciones. De cuando en
cuando se insertan anécdotas, leyendas y textos referidos a esta bendita
tierra, así como informaciones sobre algunas de sus riquezas naturales.
En la ruta 3, titulada Valle del río Guadalfeo, se inserta la información, reproducida a continuación, específica sobre Cástaras y también sobre Nieles, acompañada por sendas fotografías e indicaciones de algunos lugares de excursión cercanos:
CASTARAS
Pequeña población en la actualidad, pero núcleo urbano importante cuando las minas del Conjuro estaban en producción. Es, posiblemente, el pueblo de La Alpujarra granadina que más población ha perdido en este siglo. Al término municipal de Cástaras pertenece la localidad de Nieles, unida a la cabecera municipal por una pista de tierra de pocos kms. La población es de 366 habitantes y la superficie de 26,64 kms. cuadrados. La densidad de población es de 13,73 h/km. cuadrado. La distancia a Granada es de 93 kms. y a Almería de 121 kms. Su altitud es de 1020 mts.

* Lugares de excursión.
• Minas del Conjuro.
• Cueva Fresca.
• Fuente Agria.
• El Tesorillo.
NIELES
Pertenece al municipio de Cástaras. Está situada a una altura de 999 metros
y la distancia a Granada es de 96 kms. (por Cástaras y Almegíjar) y a
Almería de 113 kms. por Juviles.
* Lugares de excursión.
• La Fuente Solís.

Dentro de la colección Granada en tus manos, editada por Corporación de medios de Andalucía, (IDEAL), con patrocinio de la Diputación de Granada, se dedica el volumen tercero, cuyo autor es Rafael Gan Quesada, joven profesor y periodista granadino, a La Alpujarra de la que se declara enamorado. La ruta cinco, titulada El Guadalfeo, río de belleza, se inicia con una preciosa vista de la iglesia de Nieles y cita de la frase que pronunció Alfonso I, el Batallador cuando transitaba por el Guadalfeo en 1126: «¡Oh que gentil sepultura, si hubiera quien de lo alto nos echase tierra encima». A Cástaras, Nieles y la ermita de Los Morenos, se destinan las páginas 122 y 123 de la guía, que contienen las fotografías y el texto reproducidos a continuación:
Cástaras
Entre aguas y piedra
Nunca hubo mejor lema para caracterizar a uno de los pueblos alpujarreños. Sin connotaciones promocionales sino simplemente porque Cástaras es así, un lugar situado entre húmedos y frescos barrancos y altos e imponentes riscos de piedra caliza. ...en una situación quebradiza y según noticias, de ahí toma su nombre, que Cástaras en idioma arábigo, es lo mismo que decir Cascajares, afirmaba el capellán Fernando García y Villalta en 1791.
En
efecto, en la confluencia de los barrancos de la Alberquilla y Fuente Medina
y a los pies de su famosa Piedra 'horá', se encuentra este bello pueblo
serrano y del valle al mismo tiempo. Un lugar bastante desconocido a pesar
de ser una de las estampas más bellas de la Alpujarra. Tranquilo para
quienes buscan paz y condiciones adecuadas para crear como es el caso del
famoso pintor californiano Jack Rutherford, aquí afincado. La abundancia de
agua en su término es tal que abastece a los pueblos de la Contraviesa
mediante una conducción. Y es que son numerosas las fuentes y manantiales y
todavía hoy existen en Cástaras algunos criaderos de agua, esto es, zonas en
las que se deja salir el agua de una acequia durante días o semanas para
que, más tarde, mane en otro punto más bajo. ¡Normal pues que el barranco
del Gayumbar presente un aspecto verde y frondoso incluso en las peores
épocas de sequía!
Antigua
alquería de la tahá de Jubiles, destacaban antaño sus moreras, su buena
ganadería y más tarde fue repoblado por castellanos viejos que dieron sus
nombres a algunos pagos conocidos como el de Prados de Villarreal. La
iglesia de San Miguel destaca por el color oscuro de los ladrillos de la
edificación en fuerte contraste con la blancura de las casas castareñas. Es
una amplia nave rectangular, del siglo XVII, con la capilla mayor
diferenciada mediante un arco toral, una fachada sencilla y una alta torre
con su campanario que tuvo que ser sobreelevada en el siglo XVIII porque,
dicen, los vecinos del barrio alto no oían las campanas. Lo más destacable
de este templo es la armadura mudéjar de su nave central que se conserva
bien. La capilla mayor, en cambio, también se cubría con una interesante
armadura, que fue sustituida por una simple bóveda. Durante las fiestas de
San Miguel, en agosto para permitir que participen muchos habitantes que
emigraron en su día, sale la imagen del patrón acompañada por San Antonio,
co-titular del templo.
Además de la iglesia parroquial, Cástaras
cuenta con dos ermitas dedicadas a la Virgen de Fátima, sobre todo la bella
capilla que se encuentra en el camino de Nieles, excavada en el interior de
una antigua cavidad natural.
Del pasado industrial de Cástaras se conservan las ruinas de las minas los
Prados y las de Mansilla, importante centro de trabajo de muchos habitantes
que con su cierre tuvieron que emigrar. Abandonadas pero todavía visibles,
un proyecto para la creación de un parque geo-minero con la localidad de
Tímar podría tal vez promocionar el turismo de la zona, poco desarrollado.
Pero bueno, con turismo o sin él, este pueblo sigue siendo un sitio
privilegiado para realizar alguna interesante excursión por sus alrededores:
por el caminillo viejo hacia Nieles, por el barrio alto hasta Juviles, la
Casería, Fuente Solís... Sin olvidar que el municipio se extiende al otro
lado del Guadalfeo y cuenta con más de medio centenar de cortijos dedicados
a la viña y el almendro, antiguos lagares y bodegas de mucha solera como Los
Blancos o García de Verdevique.
Nieles
Aunque
sólo fuese por ver sus tres eras, ya merece la pena acercarse hasta Nieles,
anejo de Cástaras desde 1574. Y además porque está muy cerca dando un
agradable paseo a pie de dos kilómetros que permite conocer el paisaje
circundante. Las eras, empedradas y recientemente restauradas, son el mejor
mirador del barranco de Nieles con sus fértiles huertas labradas. Tanto
estas viejas plataformas de pizarra, en donde se trabajaba y se convivía
antaño haciendo la parva, como sus dos lavaderos —en
concreto el de abajo también remozado—
forman parte de la riqueza etnográfica que se conserva por el desvelo de los
miembros de la Asociación cultural de Cástaras y Nieles. Los viejos tinaos,
las calles bastante bien conservadas o la iglesia de San Bartolomé del siglo
XVII son otros de los puntos de interés de este pueblo de 50 habitantes
abiertos y dispuestos a mostrarlo al visitante.
Los Morenos
La ermita de Los Morenos aparece de sopetón, pegada a la carretera del Guadalfeo, a la vuelta de una curva. Allí suele parar alguien a rezar un rato y continúa su ruta. Antigua cortijada que llegó a tener escuela, todavía hoy celebra sus fiestas a finales de mayo con una procesión que invade sin pudor la carretera, con misa solemne, fiesta nocturna, continuo toque de campanas y decenas de mandas en honor a la Virgen del Guadalfeo.

Integrada en la colección «Las
mejores excursiones por...» con el
número 42 y el subtítulo «24 itinerarios
a pie repartidos por las provincias de Granada y Almería»,
se publicó en 2008 esta nueva guía de La Alpujarra redactada por Carlos
Fernández Calvo, que la dedica a sus hijo
s
Lucas y Jimena.
La contracubierta del libro, donde se lee: «El viaje por Las Alpujarra es una delicia y no merece prisas. Sus pueblos, sus tradiciones, su arquitectura, sus gentes... pero sobre todo el marco natural y privilegiado del entorno, atrapan la atención del senderista colmándolo de satisfacciones», denota que el autor admira La Alpujarra, mientras que el título de la obra, Las Alpujarras, en plural, delata que no es alpujarreño.
Antes de acometer las veinticuatro rutas incluidas en la guía, Fernández Calvo hace una introducción para continuar en las páginas siguientes describiendo el medio físico, la vegetación, flora y fauna de la región, y en el capítulo siguiente la relación entre el hombre y la tierra alpujarreños, repasando los pueblos ―algunos pueblos― de la comarca, y finalizando este preámbulo con un capítulo dedicado al estatus de protección de la zona.
A pesar del título, que abarca toda la comarca, la obra está especialmente dedicada a la ladera meridional de Sierra Nevada, con varias referencias a pueblos de su vertiente norte e incluso de comarcas limítrofes que no son alpujarreños. Sin embargo, la Contraviesa, integrada en La Alpujarra desde los más remotos tiempos, es la gran olvidada en el texto y en las fotos.
Cástaras sólo ha merecido tres breves alusiones en la guía, las tres en relación con su pasada condición minera. En la página 63, dentro del capítulo dedicado al hombre y Las Alpujarras puede leerse: «Durante los siglos XVIII y XIX sólo la minería resultó ser una actividad generadora de beneficios, destacando explotaciones de zinc en el pico Almirez y las de hierro en Cástaras», información carente de rigor en lo concerniente a Cástaras, pues no se conocen minas de hierro en el municipio (las del Conjuro son de Busquístar) y están bien documentadas, para ambos siglos, fuentes de riqueza agrícola y vinícola, y siendo solo a finales del XIX cuando surge la riqueza minera de Cástaras con la explotación de mineral de mercurio.
En la página 71 se vuelve con la minería: «Más abajo [de Juviles] se sitúa la pequeña aldea de Nieles, perteneciente al vecino municipio de Cástaras y en cuyo entorno se encuentran los restos de explotaciones mineras». Parece referirse el autor, aunque no las cita expresamente, a las minas de cinabrio de Mansilla y de los Prados.
Por último, al menos nosotros no hemos visto más menciones, en la página 76 leemos: «Y más abajo los desvíos de Notáez, famoso por sus dulces, Almegíjar y la subida hacia Cástaras y sus vecinas Minas del Conjuro».
Por supuesto no hay en toda la guía fotografías de Cástaras. La más cercana es una impresionante fotografía de Tímar insertada en la página 123, dentro de la ruta nº 7, Lomas de Fuentefría, que trataremos de digitalizar para ofrecerla aquí.

Copyright © Jorge García, para Recuerdos de Cástaras (www.castaras.net).
Copyright © De los autores o propietarios para los materiales cedidos.
Fecha de publicación: 27-07-2007
Última revisión:
31-05-2010